domingo 11 de diciembre de 2011
feria del libro de comas 2011
No vimos a los poetas y escritores y artistas plàsticos.. Solo unos cuantos apareciero.
_na primera experiencia para los organizadores.
viernes 5 de agosto de 2011
Julio Benavides
Julio Benavides
sábado 12 de febrero de 2011
Jorge Tirado Gálvez
¡Vi al hombre antes que muera!
viernes 1 de enero de 2010
Giovani Anticona y Lima Norte
lunes 1 de septiembre de 2008
Raúl Jurado Párraga
Raúl Jurado Párraga (Jauja 1962), realizó estudios de literatura en la Universidad Nacional de Educación La Cantuta,donde actualmente ejerce la docencia universitaria. Ha publicado: El sol partido de los sueños (Lluvia Editores), Poesía del 70 (Antología y notas). Además de poseer varios trabajos inéditos y próximos a publicarse
GRILLOS DE VERANO
En tanto, mi boca
se detenga en el filo
de tus brillantes y rugosos pliegues
los grillos cantarán
canciones de primavera.
Ahora la noche
es una mano
que recorre sabiamente
la boca de tu cuerpo
mientras mi ardiente
sello se imprime en tus muslos
para encender capullos
y ramas puras en tus cabellos.
En tanto, tu boca
inunde de saliva mi boca
los grillos cantarán
canciones de verano.
Ahora voy quitándote
las últimas nubes de tu cuerpo.
El árbol se queda desnudo
y la rama se hace grande
tu ventana se hace vasta
como las barbas del mar en el espejo
transparente de rnis venas.
En el barro
llegan a estamparse los grillos
y las marcas pequeñas
de dos amantes
que han paseado
sus dedos y sudores
por el filo del goce que beatifica.
Ahora en humedad de sus cuerpos
la electricidad mueve temblores
en tanto, los grillos cantan
la luz de las pasiones.
El barro ahí, los grillos ahí,
luego un cántaro
cocido en el fuego
del abrazo
donde duerme la araña cansada
que alimentó mis ojos.
Ahora veo tu lengua
clavada en mi cuello.
El cuarto es el cielo
que se abre
cuando amoldo tu cuerpo cansado
en el barro de mis deseos
mientras los grillos cantan
canciones de arco iris.
Raúl Jurado Párraga
Juan Benavente

GRIS
la inocua gola cae sin llamarla
se ha deslizado como si fuera
la insípida voz astilla la huella fatal
de las miradas propias que soslayan
bajo el dominio de la sombra de la suerte
de aquella que no viene sin alejarse
alcanza sutil la voz del trino y la gloria
pues cimenta brioso el sendero angosto
trae y lleva desde mil años a mil años más
a sabiendas del fin aunque se pueda negar
frente a los inflemos creados por el hombre
de norte a sur de sur a norte es oeste
XXXIII
vibra en el inicio de su primer amor
todo eso era una noche de ambigüedades
de contusiones disueltas bajo el yunque
cuando los ojos allanaron el panorama
del valle tan verde como una esperanza
que sólo queda en el mundo terrígeno
una señal vaga sostenida en el oscurantismo
sobre todo cuyo atisbo en el orbe dura poco
casi nada nada de nada sólo la invitación
al destino de una tácita partida de ajedrez
pareciera darse en cada movimiento de una pieza
y sólo es el sufrimiento entre la vida y la muerte.
1999.
En la ciudad, un niño como tantos, deseaba dormir en alguna casa. Caminaba, lánguidamente caminaba, cuando vio iluminado por sus cuatro costados el monumento de la plaza en esa fría y oscura noche de invierno. Observó con inusitada sorpresa que a cada reflector le habían construido una pequeña caseta para protegerlos. A partir de esa noche anheló ser un reflector… y se fue pensando en ello.
Como siempre pasaba por ese lugar. Una noche pudo observar que una de las casetitas no emitía la intensa luz que acariciaba desde la superficie al gallardo y a su caballo de bronce y ante la ausencia del reflector, entusiasmado pensó haber encontrado su hogar; aun no importándole, sólo por esa noche o tal vez más. Con disimulo, cual leopardo esperó pacientemente el instante que consideró propicio. Sin que nadie pudiera verlo, ligerito se introdujo a pesar de la multitud amorfa de porcelana, caterva en plan de vaivén.
Al día siguiente su sueño proclamó el olvido, no despertó… y no despertó más. El encargado de colocar el potente foco, se percató del cuerpecito inerte y helado del infante.
Finalmente, sólo una lápida sintetizó su fugaz existencia de latente sufrimiento. Inevitablemente electrocutado, sin casa, sin comida, sin familia hasta… sin nombre; quedose aferrado a su sueño. Un colega de su generación lo reconoció, no más allá de “Petiso”.
Lima, Dic. 1985
EL NIÑO QUE SE OLVIDÓ DE JUGAR
Con tanta ilusión, Pedrito viajó para conocer a su primito.
- ¡Jugaremos bastante! ¡Ya verán! – Dijo a sus padres con excelso entusiasmo. Ellos habían decidido llevarlo a la capital con la idea de hacerlo sociable porque sólo con los animalitos de la hacienda se crió.
Al llegar a la capital, su asombro fue extremo, sus ojitos se redondearon de admiración al ver los edificios, la cantidad incontenible de personas y carros jamás soñados por él.
Ya en la casa del familiar, compartían alegremente el acontecimiento, ocasionado por la grata e inesperada visita.
El saludo entre ellos fue muy efusivo. Las lágrimas conjugaron el abrazo comparado sólo con una melodía sideral. Tal como acordaron, Pedrito se quedaría para pasar sus vacaciones. La niña de los ojos de Pedrito, jugueteaba al compás de una dulce y parsimoniosa danza. Abruptamente interrumpió:
- ¡Luchito!
Al no encontrar eco a su llamado, con mayor fuerza gritó.
- ¡Primo!
Los ojos adultos apuntaron simultáneamente a la delicada figura del infante.
- Está en su cuarto… - Su padre señaló la puerta, cerca del baño.
Corrió multiplicando sus pasos contra el tiempo y la distancia. Lo hizo tan veloz que al final estrelló cuerpecito contra la puerta. Inmediatamente, inerme tomó su lugar esperando que saliera por el ruido producido; sin embargo al ver la carencia de asomo creyó por un instante la ausencia de Luchito. Miró al lugar donde estaba su padre y sus tíos, invadidos en la amenidad de su propia conversación ya sentados en los sillones de la sala. Levantó la mano, tocó la puerta y nada. Manipuló el mango de la chapa e ingresó. Vio a Luchito y le causó una inmensa alegría porque seguro ya jugaría, cantaría, bailaría, saltaría y todo con él.
-¡Luchito!
Lánguidamente Luchito, lo miró y haciéndole señas le indicó sentarse y guardar silencio.
Mirándolo con extrañeza obedeció y ubicó la mirada ante el aparato del que tanto escuchó hablar; pero que extrañamente no le llamó la atención desde un primer momento a pesar de la novedad porque pensaba que lo primero era lo primero: ¡jugar! De inmediato sus ojos se maravillaron y sintió ser capturado con mucha facilidad, inmóvil y con el ligero movimiento de sus ojos negros para arriba, abajo, al costado de ambos lados aplomó su concentración para entender las imágenes, cuyos violentos movimientos apretujados se permitían a cada instante por segundo.
Una, dos, tres… horas, la función continuó. Sintió en sus manos algo ligeramente caliente, al bajar con rapidez la mirada encontró el plato de comida, consumió poco a poco sin saborear y sin terminar lo dejó en el piso al lado del cojín donde encontrábase postrado con el fin de seguir con sumo interés la secuencia del quinto programa con su respectiva tanda de comerciales que le imponía la adquisición de diversos productos para vivir feliz. Ropa fina, juguete sofisticado, gaseosa, cerveza, whisky, cigarro, artefacto, auto, chalet, lotería, etc. En un marco de voluptuosas damas que invitaban así para ser considerada una persona “decente”.
El último programa les dio las buenas noches, el aparato dejó de funcionar y recién se saludaron, intentaron conversar algo más, pero el sueño los venció y se fueron casi a rastras a sus respectivas camas. Pedrito ni se había percatado del momento cuando le prepararon la cama.
Retornando un poco a la idea original, antes de un alegre bullicio, era más el diálogo y situaciones particulares de los mayores. Al poco rato, Pedrito se dio cuenta que no regresaba Luchito, se levantó sin terminar el desayuno. “No puede ser que se haya ido a jugar sin mí”. – pensó y saltó del banco para ir al patio y no estaba, fue a la sala y no estaba, salió a la calle, tampoco y murmuró:
Se sentía apenado porque no le dijo, dónde jugarían ese día.
Retornó a su cuarto para sacar su quena y ponerse a tocar como hacía en la hacienda, cuando deleitaba a los animalitos con sus dulces melodías.
Cuando empujó la puerta, quedose paralizado al ver que en la misma forma de ayer encontró a Luis frente al aparato, intentó decirle algo; pero al dejar que su mirada fuera en dirección de la pantalla, sintió su cuerpo, abandonarse sobre el mismo cojín. Pasaron las horas, ni cuenta se dio el haber almorzado y cenado. Otra vez ya encontrábase camino a la cama.
Igual que ayer, murmuró –cuándo jugaré… - un hilillo de lágrima resbaló por su mejilla al mismo tiempo que fruncía la mirada al televisor.
Esa noche soñó Pedrito que junto a Luchito se encontraban en al barriga del televisor. Este aparato había cobrado vida, saltaba alegre y gritaba a viva voz:
- ¡Vencí! ¡Viva! ¡Me los comí! ¡No podrán con migo! ¡¡Hurra!!
Johnny Barbieri

Lima en 1966.
http://johnnybarbieri.blogspot.com
Antología mínima de YO ES OTRO (2007)
de Johnny Barbieri
SEGUNDA MUERTE DE MARÍA[1]
40 AÑOS DESPUÉS
María volvió a besar los muros de sus calles intransitables
andar a pie confundida por las luces de los anuncios comerciales
llamar a Isaías por su nombre
aunque ya no haya ningún perro
que responda con sus ladridos ensordecedores
sólo una misma imagen dando vueltas en la habitación
ocultándose en un rincón del cuarto
María seguía siendo fea
y yo seguía clavado a su belleza intangible
acariciando su cuerpo infinito sus cabellos ondeados
sus manos que hacían los espacios perfectos
pero su edad se volvió una gran sombra
sus tardes se ataron a sus lágrimas
dentro de una pequeña cabaña solitaria
sola con mi recuerdo
y su inocencia perdida una noche de otoño
María se desnudaba ignorando las miradas del mundo
su cuerpo puro y cálido
su olor indeleble
y toda su tristeza áurea
permanecía intacta en mi memoria
en la imagen que dibujaban las cortinas
bajo este mar de sombras
La botella de leche en el mismo rincón
Isaías temblando solitario en una esquina
mi hijo envuelto en una sábana blanca
estaban allí
en ese silencio de la noche
en ese aullido de la soledad que lo abrazaba todo
María estaba muerta
mi hijo heredó su perfume
su gran melancolía
su perro miserable
yo la abracé llorando
pero su aliento de pobre no pudo más
ella murió
y yo morí con ella
Una noche como estaMaría estaba de pie
pegado a la pared de la habitación
y sus calles inhabitables andaban por el cuarto
punzando aquellos años de felicidad
golpeando a la puerta que había decidido
no abrirla para que no huya Isaías
y su olor no se desvanezca con el olor de la mañana
y su recuerdo continúe grabado en los viejos papeles
Mi niño alcanzó los planetas
jugó con las estrellas
y escapó por la ventana
María instantáneamente
tomó su cuerpo
agarró su ropa
abrió la puerta y se alejó presurosa sin mirar para atrás
El cielo cayó a mis brazos
los años me hicieron viejo como un viejo árbol
y mi perro murió en su rincón de siempre
Hace años que ya la casa no es la misma
mi niño cuelga del cielo
y María está pintada en la pared de la habitación
con sus cabellos ondeados
su cuerpo infinito
y su tristeza áurea y definitiva como la mía.
[1] Segunda muerte de María, poema publicado en el poemario MAKA (Ediciones Noble Katerba, Lima, 1999) en base al poema Primera muerte de María de Jorge Eduardo Eielson.
COLORETES (Fragmento)*
Johnny Barbieri
Él le reprochó haberla dejado, mientras ella no pudo mirarle a los ojos, él quiso abofetearla, ella volteó la cabeza y miró hacia unas rocas, él la tomó del brazo y descargó con palabras toda su ira, ella lo dejó hablar, luego sin poder ver sus ojos le dijo que no había insignificado nada para ella. Ban -me dijeron- contó que ella rió casi a carcajadas y se burlaba en presencia del otro hombre. Eso lo mató. La tristeza le produjo una fuerte depresión, la depresión lo impulsó a beber, el alcohol le hizo recordarla como recuerdan los machos a sus hembras, no pudo soportarlo y entonces se mató. Se colgó como alguna vez colgó sus cuadros, esos sueños en aquella escuela para soñadores, recuerdo aquel reloj de pared que me regaló, yo lo colgué, recuerdo la corbata azul que le regalé y que nunca se puso, él lo dejó colgado en la percha. Yo no estuve con él y eso lo estoy sufriendo hasta hoy colgado de estas penas.Ahora ya todos pueden saber a quien corresponden estos espectros que como auroras boreales están iluminando mis oleos, esta solidez de las formas están llenas de él, esta proyección de líneas están llenas de él, esta concreción de cromatismos como la noche que está cubriendo cada rincón con sus tonos oscuros están cargados de él. Yo sólo intenté pintar los diálogos que alguna vez tuvimos en el cuarto frente a cada una de nuestras angustias. Yo sólo busqué pintar el poco de amor que en una pensión de Lima me ofreció con sus dos manos abiertas tratando cuidadosamente de no derramar ni un poquito, como aquella copa llena de vino que solía ofrecerme para curar mis angustias. Yo sólo quise pintar sus ojos cargados de tanto amor para mí; pero sólo logré estas pinturas, plausibles para todos, pero pura autodestrucción para mí, como fue la vida de Banchi. Ahora que estoy muriendo quiero que eso quede muy claro. Mi arte fue el producto de mi más extrema desesperación, de mi más angustiante vacío…tengo ganas de comer una tarta de queso con mermelada, hace frío, René, cierra esas ventanas.
*Cuento finalista en la XIV bienal de cuento "Premio Copé 2006"



