lunes, 1 de septiembre de 2008

Johnny Barbieri


Johnny Barbieri
Lima en 1966.

Estudió Lengua y Literatura en la Universidad Nacional Federico Villarreal, donde en 1990 inició, con un grupo de amigos, la aventura poética de «Noble Katerba». También estudió Sociología en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, integrando en 1995 «La Mano Anarka», un grupo de resistencia contra la dictadura y la intervención universitaria. Es autor de poemarios como: Branda y la Mesón de los Pandos (1993), El Libro Azul (1996), MAKA (1999), Jugando a ser Dios (2000), Carne de mi carne (2002), La Virgen Negra (2003), y Viajando a Nairobi (2003), con el que se hizo acreedor del premio de poesía Horacio, de la Derrama Magisterial, el año 2003. Actualmente estudia la Maestría en Literatura Peruana y Latinoamericana en la UNMSM.

http://johnnybarbieri.blogspot.com

Antología mínima de YO ES OTRO (2007)

de Johnny Barbieri

SEGUNDA MUERTE DE MARÍA[1]

40 AÑOS DESPUÉS

María volvió a besar los muros de sus calles intransitables

andar a pie confundida por las luces de los anuncios comerciales

llamar a Isaías por su nombre

aunque ya no haya ningún perro

que responda con sus ladridos ensordecedores

sólo una misma imagen dando vueltas en la habitación

ocultándose en un rincón del cuarto

María seguía siendo fea

y yo seguía clavado a su belleza intangible

acariciando su cuerpo infinito sus cabellos ondeados

sus manos que hacían los espacios perfectos

pero su edad se volvió una gran sombra

sus tardes se ataron a sus lágrimas

dentro de una pequeña cabaña solitaria

sola con mi recuerdo

y su inocencia perdida una noche de otoño

María se desnudaba ignorando las miradas del mundo

su cuerpo puro y cálido

su olor indeleble

y toda su tristeza áurea

permanecía intacta en mi memoria

en la imagen que dibujaban las cortinas

bajo este mar de sombras

La botella de leche en el mismo rincón

Isaías temblando solitario en una esquina

mi hijo envuelto en una sábana blanca

estaban allí

en ese silencio de la noche

en ese aullido de la soledad que lo abrazaba todo

María estaba muerta

mi hijo heredó su perfume

su gran melancolía

su perro miserable

yo la abracé llorando

pero su aliento de pobre no pudo más

ella murió

y yo morí con ella

Una noche como estaMaría estaba de pie

pegado a la pared de la habitación

y sus calles inhabitables andaban por el cuarto

punzando aquellos años de felicidad

golpeando a la puerta que había decidido

no abrirla para que no huya Isaías

y su olor no se desvanezca con el olor de la mañana

y su recuerdo continúe grabado en los viejos papeles

Mi niño alcanzó los planetas

jugó con las estrellas

y escapó por la ventana

María instantáneamente

tomó su cuerpo

agarró su ropa

abrió la puerta y se alejó presurosa sin mirar para atrás

El cielo cayó a mis brazos

los años me hicieron viejo como un viejo árbol

y mi perro murió en su rincón de siempre

Hace años que ya la casa no es la misma

mi niño cuelga del cielo

y María está pintada en la pared de la habitación

con sus cabellos ondeados

su cuerpo infinito

y su tristeza áurea y definitiva como la mía.

[1] Segunda muerte de María, poema publicado en el poemario MAKA (Ediciones Noble Katerba, Lima, 1999) en base al poema Primera muerte de María de Jorge Eduardo Eielson.

COLORETES (Fragmento)*
Johnny Barbieri


Él le reprochó haberla dejado, mientras ella no pudo mirarle a los ojos, él quiso abofetearla, ella volteó la cabeza y miró hacia unas rocas, él la tomó del brazo y descargó con palabras toda su ira, ella lo dejó hablar, luego sin poder ver sus ojos le dijo que no había insignificado nada para ella. Ban -me dijeron- contó que ella rió casi a carcajadas y se burlaba en presencia del otro hombre. Eso lo mató. La tristeza le produjo una fuerte depresión, la depresión lo impulsó a beber, el alcohol le hizo recordarla como recuerdan los machos a sus hembras, no pudo soportarlo y entonces se mató. Se colgó como alguna vez colgó sus cuadros, esos sueños en aquella escuela para soñadores, recuerdo aquel reloj de pared que me regaló, yo lo colgué, recuerdo la corbata azul que le regalé y que nunca se puso, él lo dejó colgado en la percha. Yo no estuve con él y eso lo estoy sufriendo hasta hoy colgado de estas penas.Ahora ya todos pueden saber a quien corresponden estos espectros que como auroras boreales están iluminando mis oleos, esta solidez de las formas están llenas de él, esta proyección de líneas están llenas de él, esta concreción de cromatismos como la noche que está cubriendo cada rincón con sus tonos oscuros están cargados de él. Yo sólo intenté pintar los diálogos que alguna vez tuvimos en el cuarto frente a cada una de nuestras angustias. Yo sólo busqué pintar el poco de amor que en una pensión de Lima me ofreció con sus dos manos abiertas tratando cuidadosamente de no derramar ni un poquito, como aquella copa llena de vino que solía ofrecerme para curar mis angustias. Yo sólo quise pintar sus ojos cargados de tanto amor para mí; pero sólo logré estas pinturas, plausibles para todos, pero pura autodestrucción para mí, como fue la vida de Banchi. Ahora que estoy muriendo quiero que eso quede muy claro. Mi arte fue el producto de mi más extrema desesperación, de mi más angustiante vacío…tengo ganas de comer una tarta de queso con mermelada, hace frío, René, cierra esas ventanas.
*Cuento finalista en la XIV bienal de cuento "Premio Copé 2006"

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